domingo, octubre 08, 2006

EL RIO DE LA VIDA

http://www.youtube.com/watch?v=Vnm5xQvrai0





 
"Pues aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas,
aunque nada pueda hacer volver la hora
del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos, pues encontraremos
fuerza en el recuerdo,
en aquella primera simpatía
que habiendo sido una vez, habrá de ser por siempre,
en los consoladores pensamientos que brotaron
del humano sufrimiento
y en la fe que mira a través de la muerte,
y en los años, que traen consigo las ideas filosóficas
...........................

................................

Y termina así el poema:

"Gracias al corazón humano, por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus alegrías, y a sus temores ................
la flor más humilde, al florecer, puede inspirarme
ideas que, a menudo, se muestran demasiado profundas para las lágrimas".


(William Wordsworth. Oda nº X. Los signos de la inmortalidad, verso 179).







































“El río de la vida” es una de las películas que más me gustan. La acción se desarrolla entre 1910 y 1935 y trata de la historia de una familia residente en un pequeño pueblo de Montana. Allí vive la familia Maclean, Norman (Craig Sheffer) y Paul (Brad Pitt), hijos de un cultivado y estricto pastor presbiteriano (Tom Skerrit).

La familia, la religión, la dura lucha por ser alguien y la pesca con mosca son los puntos sobre los cuales giran sus vidas. Norman, el mayor, que es sensato, tímido e introvertido, se enamora de una chica metodista (Emily Lloyd) y llega a ser un importante profesor universitario. Mientras tanto, Paul es reportero en el periódico local, pero su heterodoxo modo de ser le llevará al borde del abismo.

La hondura de esta buena gente se basa en una antropología que parte de una visión trascendente del hombre, con ribetes ecologistas. Parece clara la deuda de este planteamiento con los trascendentalistas americanos del XIX, al estilo de Henry David Thoreau.





























"En mi familia nunca ha habido una separación muy clara entre la religión y la pesca con mosca", dice Norman, ya anciano, al comienzo del film. Se trataría de mostrar "el lado natural del orden divino". De hecho, por la mañana se ocupaban de tareas intelectuales y las tardes las dedicaban a la naturaleza (la pesca), lo cual me parece un método educativo estupendo pues, a mi juicio, propicia un desarrollo armónico de la persona.










































Además, se señala cómo el respeto hacia la libertad y la intimidad personales puede convertirse en un obstáculo insalvable a la hora de ayudar a los que más lo necesitan. Así se explica la antinomia que plantea la película de "amar totalmente a una persona sin entenderla totalmente" y, a la vez, ser incapaz de ayudarla en el momento crítico.

Este enfoque aporta unas cuantas reflexiones sugerentes –y sinceras– sobre la defensa de la naturaleza, las relaciones familiares y, en general, sobre la necesidad de comprender a los demás.


 
Bueno, pues la receta que os sugiero no puede ser otra que alguna que lleve a la trucha como protagonista. Aquí la tenéis:






SOPA DE TRUCHA A LA LEONESA

Ingredientes (para 4 personas):

4 truchas de ración (mejor asalmonadas), 3 cucharadas rasas de pimentón, 2 dientes de ajo, 1 cucharada rasa de harina, 2 hojas de laurel, 1 pimiento rojo (si es de Fresno, mejor), 1 cebolla, aceite de oliva, 2 cucharadas de unto (yo echo menos, como una uña por persona; si no se tiene unto, se puede sustituir por manteca o por nada), 1 y ½ litro de agua, pan de hogaza del día anterior (o de barra si no queda más remedio), sal.

En una cazuela de barro (u otra) se echa un chorrito de aceite. Cuando esté caliente, se echan los ajos fileteados y por último, finamente picados, el pimiento y la cebolla. Se deja pochar a fuego medio durante unos 10 minutos y entonces se agrega el unto hasta que se deshace.
Añadimos el pimentón y la harina, lo revolvemos y echamos el agua hasta que quede una salsa bien ligada, cuidando de que el pimentón no se queme. Echamos el laurel.
Una vez que las truchas estén limpias y troceadas, se sazonan y se añaden a la cazuela, se deja hervir a fuego medio unos 10 minutos (según tamaño de la trucha, puede ser menos tiempo, nunca más), se retiran y reservan.
En la cazuela de presentación, ponemos el pan cortado en láminas muy finas, se colocan los trozos de trucha encima y se vierte sobre todo ello la salsa de la cocción. Se deja reposar tapado durante 5 minutos y se sirve.

Nota.- Tiene que quedar jugoso pero que se pueda comer con tenedor. Esta receta es del Restaurante Adonías, uno de los mejores de León.