domingo, noviembre 04, 2012

CUERPOS COMPRADOS, ALMAS DEVASTADAS



El post de hoy trata sobre una realidad tan hiriente como es la prostitución, en concreto la femenina, así como del tráfico de mujeres destinadas a este fin. De alguna manera, sería una segunda parte, puesto que ya lo comencé a tratar aquí, aunque me centrara en el cine y la literatura, concretamente en este último caso, en “La Colmena” de Cela. De todas formas, el tema queda abierto; por desgracia no se acaba aquí.

https://www.youtube.com/watch?v=cr645ALmMAE

Aquí os dejo una película sobre uno de los temas que toco, el de la trata de mujeres. Su título: “Tráfico humano” (2005). Del YouTube: “Todos los días,miles de jóvenes son compradas y vendidas. Con Mira Sorvino, Donald Sutherland y Robert Carlyle.


Cuando una joven de dieciseis años procedente de Ucrania,Una Madre soltera originaria de Rusia,Una joven de Diescisiete años de Rumania y una joven turista son víctimas de una red de tráfico de mujeres para la Prostitución,el equipo de agentes de ICE,qué lucha por desenmascarar la organización qué articula este horror descubre una conspiración de proporciones globales..”
 

 

Cuerpos comprados, almas devastadas

 
Hoy en día se está dando un boom de la prostitución; tanto los prostituidores (clientes) como las prostitutas son cada vez más jóvenes, hay más demanda, más oferta y cada vez es más barato. Por otra parte, la sociedad española siempre ha considerado este tema con una gran hipocresía; ni ha interesado ni se ha querido ver, dándose a la vez una especie de tolerancia hacia la prostitución –fundamentalmente hacia las figuras del proxeneta y del prostituidor (antes llamado cliente)- acompañado de un profundo desprecio hacia quienes se ven abocadas a ello.






Pero si bien es cierto que este fenómeno siempre ha existido, nos encontramos con que actualmente la banalización de la sexualidad y la pérdida de valores, hace que aún se considere con mayor “naturalidad” y normalidad la compra-venta de seres humanos; así se llega a pedir que sea considerado como un trabajo más, y a ellas como “trabajadoras sexuales” que hacen un servicio a la sociedad. Quienes están detrás de esto son:



 
1º.- Las redes y mafias de tráfico de mujeres (proxenetas y demás, sean “legales” o no). Conviene recordar que la prostitución, junto con el tráfico de drogas y venta de armas, genera una cantidad muy importante de dinero.
 
2º.- Algunas prostitutas, que o bien trabajan para los anteriores o bien han llegado ya a tal grado que no conocen lo que es la dignidad personal y
 
3º.- Ciertos colectivos de gays y lesbianas:
 
Es necesario señalar que además la despenalización de la prostitución voluntaria en 1995 ha producido un incremento brutal de la prostitución forzada, y que pese a lo que todos los anteriores digan (a los que se deben sumar algunos sindicatos e incluso políticos), ya está demostrado que la legalización de la prostitución ni disminuye ni elimina la trata de seres humanos destinados a este comercio satánico y repugnante, como se ha visto en el caso de Holanda. Si tan maravilloso y normal les parece ese “oficio” deberían de meter a sus propias hijas, esposas y hermanas a ejercer de prostitutas (y alguna que otra política, que tanto lo defiende, meterse ella también). Además, por otra parte, no se puede legalizar la instrumentalización ni cosificación de ningún ser humano.
 
Antes de continuar, conviene hacer la siguiente diferenciación ya que se trata de realidades completamente distintas:
 
1º.- Por un lado la mujer que se prostituye libremente (aunque sea la extrema pobreza y miseria la que la ponga en ese camino) y
 
2º.- Aquella que es víctima de la trata de seres humanos, la cual no es una prostituta aunque esté obligada a ello, y realmente en este caso el prostituidor (cliente) pasa ya a convertirse en violador aún en el caso de no saberlo. Conviene detenerse en este tema ya que es una buena muestra del grado de vileza al que ha llegado la sociedad española, ya que si bien en el año 2006 la ONU señaló que España era uno de los 10 principales destinos de la Trata de mujeres, esto en vez de disminuir, ha ido en aumento.
 
El número de mujeres obligadas a dejarse violar (de eso se trata, y no de otra cosa) va de 100.000 (cifras oficiales) a 400.000 según fuentes de la policía. Estas mujeres, que vienen engañadas pensando que van a trabajar en un oficio normal, son vendidas por personas muy cercanas a ellas (familiares, amigos, novios) en sus países de origen. Una vez aquí, inmediatamente se las quita el pasaporte y se las somete a palizas, vejaciones e incluso torturas varias (como descargas eléctricas) hasta que finalmente acceden, acompañando esta coacción con amenazas de daños a sus seres queridos (en el caso de las subsaharianas, suele ser con el Vudú).
 
Por supuesto están continuamente secuestradas y vigiladas; muy pocas consiguen escapar y poder denunciar a las mafias, pero hasta estos últimos años en los que se han dado pasos importantes, también a nivel legislativo, contra la trata de seres humanos(*), solo conseguían ayuda si lo hacían mediante denuncia de las redes, pero no como víctimas. Esto, de nuevo, nos da una clara visión de la hipocresía que rodea este tema, que viene reforzada por el hecho de que los burdeles en los que se encuentran encerradas cuentan con la aprobación de los ayuntamientos al inscribirse como hoteles, aunque las autoridades sepan de siete sobras que se trata de locales donde se obliga a la esclavitud. Además, muchas de ellas son drogadas también contra su voluntad, normalmente con cocaína, y es que el tráfico de drogas está muy vinculado al tráfico de personas. Y desde luego, el tráfico de personas no se queda en mujeres, también se dedica a los niños con fines de explotación sexual (aunque la explotación sexual no es el único fin de la trata de seres humanos).
 
Así que en cuanto a este tema, lo mejor es hablar claramente y llamar a las cosas por su nombre:
 
1º.- Una mujer que es forzada, contra su voluntad a mantener relaciones sexuales, no es una prostituta, es una víctima de violación.
 
2º.- El hombre que mantiene una relación sexual con una mujer en contra de su voluntad, no es prostituidor (cliente) es un violador.
Los siguientes links son direcciones de organizaciones que ayudan a las mujeres víctimas de la trata de seres humanos y también a prostitutas que quieren abandonar ese “oficio”:
 
Pasando ya al tema de la prostitución propiamente dicha, es decir las mujeres que libremente se dedican a comerciar con su cuerpo, se tiene que señalar que la inmensa mayoría lo hacen por carecer de recursos económicos y encontrarse sin ninguna ayuda. La prostitución no es un fenómeno nuevo; siempre ha existido (aunque se debe evitar este argumento que a veces se da para intentar demostrar la inevitabilidad y así, de alguna manera, justificarlo).
 
Históricamente, un número de mujeres han sido puestas, o se han puesto, al servicio de las “necesidades” sexuales de los hombres que pagan por sus servicios; es y ha sido siempre un negocio de hombres, utilizado por ellos y para ellos, y se ha intentado justificar como un “mal menor”, como una forma de regular la sexualidad de los hombres y de mantener seguras las relaciones familiares, aunque la mujer casada también carecía de libertad efectiva y se hallaba sometida, en el peor de los sentidos, al marido.
 
Pero pese a que algunos doctores de la Iglesia en el pasado se mostraron tolerantes con esto, sin embargo la postura de la Iglesia al respecto es otra muy diferente, así es muy importante el informe del Ier Encuentro Internacional de Pastoral para la Liberación de las Mujeres de la Calle, que tuvo lugar en Roma en Junio del 2005. Recomiendo vivamente su lectura.
 
Lo primero que se observa es que es completamente realista e intolerante con la prostitución, ya que
 
 “Es importante reconocer que la explotación sexual, la prostitución y el tráfico de seres humanos son actos de violencia contra las mujeres y, en cuanto tales, constituyen una ofensa a la dignidad de la mujer y son una grave violación de los derechos humanos fundamentales”(1).
 
Así que las antiguas “tolerancias” se acabaron. No es un mal menor reducir a otro ser humano a la esclavitud, cosificarla o instrumentalizarla; es un mal absoluto.
Y eso pese a que quienes ejercen ese “oficio” lo hagan libremente, ya que tal libertad es muy relativa debido a que como el mismo documento señala existen muchas causas que llevan a eso. Poner solución a tales problemas que derivan de un sistema esencialmente injusto es una de las metas a la hora de poner fin a esta horrible situación; por otra parte, la ayuda también debe ser individualizada. No se puede pretender que alguien abandone lo que la está dando de comer si no se la dan alternativas, y eso incluye formación, ayuda en la búsqueda de un trabajo digno, acogida, aceptación y “cura” del alma.
Por otra parte, y también muy alejado ya de las actitudes “tolerantes” del pasado respecto a los prostutuidores (clientes), el documento llega a sugerir actuaciones incluso a nivel legal:
Para el “cliente” se necesita algo más que una condena social. Debería ser objeto del pleno rigor de la ley (5).
Ya en el párrafo anterior del mismo punto se ha mostrado cual es el fondo real del tema de los prostituidores, lo que de verdad buscan:

Es evidente, según las investigaciones, que son siempre más numerosos los hombres que buscan a las prostitutas por un deseo de dominio, más que como una satisfacción sexual. En las relaciones sociales y personales experimentan una pérdida de poder y de masculinidad y son incapaces de establecer relaciones de reciprocidad y de respeto. Buscan a las prostitutas porque realizan así una experiencia de total dominio y control de una mujer durante un determinado espacio de tiempo”(5).
Pero el informe no se queda aquí, va más allá señalando la vinculación entre sociedad patriarcal y violencia contra la mujer (17b), así como la necesidad de que los hombres sometan “a examen y crítica las normas tradicionales de la masculinidad” (17e).
Prostitución, violación, malos tratos, tiene todo ello como común denominador no la satisfacción sexual, sino el dominio, el poder de un ser humano, generalmente hombre, sobre otro ser humano, generalmente mujer.
Tradicionalmente esa “necesidad” venía satisfecha por el sometimiento de la mujer al hombre que era dada como norma social, legal e incluso religiosa (siendo esto último malentendido y utilizado interesadamente para justificar un status quo del todo injusto). Por poner algunos ejemplos, está el caso del Código napoleónico o la legislación española durante el franquismo, así como el adoctrinamiento ideológico de la mujer muy alejado de lo que es el cristianismo e incluso aleccionando contra lo señalado por la Iglesia, y lo que es peor, queriendo hacerlo pasar por perfectamente católico y cristiano. (Aconsejo leer algunos fragmentos de los manuales de la Sección Femenina, sobre todo los dirigidos a las mujeres casadas). Son realmente estremecedores –el último párrafo es tremendo- y va directamente contra lo dicho en la Encíclica Casti Connubii.
 
Actualmente, debido a la creciente autonomía económica de la mujer, a su mayor preparación cultural y a la posibilidad de desarrollar sus capacidades como persona, así como el reconocimiento de sus derechos a nivel legal y a la desaparición de las “tutelas” de los hombres sobre ellas, se encuentra en disposición de poder mirar frente a frente, pero eso es justamente lo que no es aceptado por aquellos que tienen la “necesidad” de reafirmar su “hombría” la cual sienten amenazada cuando se relacionan con mujeres a las que ya no pueden tratar como seres inferiores o encuadrarlas en una categoría que las convierte en poco menos que en imbéciles.
 
Por otra parte, la banalización de la sexualidad, la pérdida de valores y el triunfo del liberalismo, en el que todo se compra y todo se vende, actúan en contra del camino hacia la dignificación del ser humano, reforzando la cosificación o instrumentalización de la mujer que siempre se ha realizado, pervirtiendo completamente la finalidad de un camino que debió llevar a lo contrario de lo que ahora, en muchos casos, tenemos.
 
Y de ahí el incremento de la prostitución, las violaciones y los malos tratos.
Nos encontramos con que lo que debería haber sido, no es, y no solo no es sino que frecuentemente se ha convertido en otro camino de degradación personal: el horror del aborto, en el que la mujer se convierte en asesina de su propio hijo, la mal llamada “liberación sexual”, que la instrumentaliza y cosifica en beneficio del placer del varón, y que cuando ya no le satisface puede “tirarla” como a un kleenex –el repudio-, su conversión en instrumento de producción, consumidoras y objeto de consumo en el sistema liberal (y en todo esto también son víctimas los hombres) y, en resumidas cuentas, la animalización de todos, tanto de unas como de otros. Todas estas y más, son las nuevas esclavitudes que acompañan a las antiguas (estas últimas continúan en las mujeres abocadas a la prostitución, pero además reforzada por las nuevas).
Respecto a los varones, es necesario señalar el papel muy importante que tienen a la hora de luchar contra la prostitución (12):






Para luchar contra la prostitución, es necesario un enfoque multidimensional. Debe incluir a hombres y mujeres, en una mutua transformación, y los derechos humanos deben ser el centro de toda estrategia. Todos los cristianos están llamados a ser solidarios con las que han quedado atrapadas en la calle. Los hombres tienen un papel importante por desempeñar, ayudando a lograr la igualdad de los sexos, en un contexto de reciprocidad y de justas diferencias. Los explotadores (por lo general hombres), que son los “clientes", los traficantes, los turistas sexuales, etc., deben recibir una instrucción acerca de lo que es la jerarquía de los valores humanos y lo que son los derechos humanos. Deben ser condenados, por parte de la Iglesia, cuando no lo hace el Estado, por el pecado que hacen y la injusticia que cometen”.



 
De ellos depende; si dignifican a la mujer, se dignificarán y ellas les dignificarán; si ocurre lo contrario, si la envilecen, ellos se envilecerán.
No se trata de recuperar el pasado, ya que en este tema de la mujer era perverso, tampoco es lo de ahora, que con formas nuevas, pero lo sigue siendo. De lo que se trata es de establecer las relaciones hombre–mujer, la familia, las relaciones humanas en general, la sociedad, sobre bases auténticamente cristianas, que desde la conversión personal podamos reconocer a los otros como lo que todos somos, hijos de Dios y que sea el amor cristiano lo que nos mueva, pues solamente quien ama puede desear lo mejor y no ver al otro como un medio, sino como un fin. Y ese es el gran reto al que nos llama Jesucristo.
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(*) La aprobación del Plan Integral de Lucha Contra la Trata de Seres Humanos con Fines de Explotación Sexual, el 12 de diciembre de 2008, la ratificación del Convenio del Consejo de Europa sobre la lucha contra la trata de seres humanos (Convenio Europeo), suscrito en Varsovia el 16 de mayo de 2005, que entró en vigor el 1 de agosto de 2009 en nuestro país, la reforma del Código Penal, que adopta un Título nuevo relativo a la Trata de Seres Humanos y la reforma de la Ley Orgánica sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, que incorpora un nuevo artículo 59 bis sobre Víctimas de la Trata.
http://www.proyectoesperanza.org/materiales/Informe_Nuevo_Marco_Juridico_Documento.pdf




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